¿Cómo es el proceso de integrar la investigación científica a la formación académica? Tres estudiantes del Departamento de Ingeniería Informática (DIINF) —Matías Yañez, Vicente Muñoz y José Ceardi— comparten su experiencia trabajando directamente junto a sus profesores. En esta nota, nos cuentan cómo pasaron de la teoría a la publicación de papers y el desarrollo de soluciones tecnológicas, validando la importancia de la investigación aplicada como el pilar fundamental para su futuro profesional.
Las ayudantías de investigación son una convocatoria abierta del Departamento que permite a los estudiantes colaborar directamente con académicos en diversas líneas de estudio. Tal como destacan nuestros alumnos, esta experiencia es una plataforma clave para fortalecer el currículum profesional y adquirir experiencia aplicada en la industria. Más allá del aula, estas ayudantías entregan herramientas técnicas de vanguardia que facilitan la investigación científica y sirven como base fundamental para el desarrollo de su vida académica y formación profesional.
Matías Yáñez fue uno de los estudiantes que integró este desafío a mediados de 2025 bajo la tutela del profesor Víctor Parada. Su trabajo se sumergió en el área de la logística, específicamente en la optimización de rutas de delivery. “Si bien al inicio me sentí algo perdido, a medida que pasaron los meses descubrí cosas que fueron clave para entender cómo se optimizan las rutas”, explica Matías. Su rol fue técnico y metódico: el profesor le entregaba el código base y materiales, y su labor consistía en aprender a operar las herramientas, ejecutar simulaciones y, finalmente, capturar los resultados.
Para Matías, involucrarse en una investigación de alta contingencia junto a su profesor fue una experiencia transformadora. Al respecto, señala: “La optimización de rutas es un desafío complejo y recurrente en la informática. Esperamos que este trabajo abra una nueva línea de investigación que permita optimizar tanto los tiempos de espera como el consumo de recursos computacionales”. Para el estudiante, participar activamente en debates técnicos desde la investigación, y no solo como un espectador, supuso un aprendizaje significativo.
Asimismo, Matías destaca la visión estratégica del profesor Parada, quien marcó el rumbo desde el primer día: “Me planteó, desde el inicio, que convertiríamos los resultados en un paper. Fue un proceso intenso de reuniones semanales para reescribir y adaptar nuestros hallazgos al rigor académico”. Esta labor no solo le permitió obtener una publicación bajo su autoría, sino que también le entregó una base técnica validada, facilitando notablemente el desarrollo y la estructura de su tesis y futuras investigaciones.
En una línea similar, Vicente Muñoz se integró a una ayudantía trabajando con su profesor Edmundo Leiva, se enfocó en computación afectiva, realizando un scoping review —que vendría siendo el mapeo de la literatura existente— sobre emociones y estados mentales en el contexto educativo. Su labor implicó analizar datasets de video para entrenar modelos de análisis facial, un proceso que describe como un desafío de investigación. “La investigación es el espacio donde los ramos cobran sentido. Tuve que analizar papers, trabajar con bases de datos y entender conceptos que no había abordado en el pregrado. Fue un trabajo práctico riguroso, donde la constancia y el estudio fue clave para obtener resultados fiables”, explica.
Para Vicente, esta experiencia tuvo un valor añadido, pues le permitió conectar su formación con una inquietud que venía cultivando hace tiempo: el impacto de la tecnología en el modelo educativo. “Siempre me interesó cómo mi carrera podía aportar al ámbito pedagógico, y descubrir que el profesor Leiva se especializa en el tema fue la oportunidad perfecta”, comenta. Así, la ayudantía se transformó en mucho más que una tarea académica, fue el espacio ideal para adentrarse de lleno en un área que le apasiona, comprobando cómo su trabajo puede contribuir directamente a mejorar los procesos de enseñanza.
José Ceardi, por su parte, se sumó al equipo del profesor Javier Baladrón tras un interés genuino en la computación neuromórfica, una disciplina que busca imitar el funcionamiento cerebral para lograr procesadores mucho más eficientes. “Es un área que está muy en auge y, por lo mismo, el desafío técnico es mayor. Trabajamos sobre una estrategia de entrenamiento llamada delay learning, donde lo importante no es solo el peso sináptico, sino el momento exacto en que ocurren los pulsos”, detalla.
José lideró una revisión exhaustiva de estudios relevantes para realizar un análisis estadístico y proponer nuevas líneas de investigación en su área. Según cuenta, “el proyecto me exigió dominar herramientas avanzadas y elevar mi nivel de trabajo”, una exigencia que, lejos de ser un peso, resultó ser un aprendizaje sumamente valioso. Para José, la clave fue la autonomía combinada con el apoyo constante del docente, convirtiendo la complejidad del tema en un desafío gratificante que cualquier estudiante motivado puede asumir.
Más allá de los detalles técnicos, los tres coinciden en que el entorno del DIINF es un factor diferenciador. Matías es enfático al respecto: “La USACH es una universidad maravillosa para ser investigador. Aquí se nota un cuidado genuino hacia los alumnos, los profesores son cercanos y comprensivos, siempre están disponibles para ti y ante cualquier problema que surja, te brindan apoyo. Es difícil encontrar una universidad tan comprometida con sus investigadores en formación”.
Esta experiencia compartida refuerza que investigar antes de egresar no está ni cerca de ser una carga extra, sino una herramienta definitiva de aprendizaje. El mensaje para sus compañeros es unánime: la investigación es el puente entre el estudiante y el ingeniero. “Si tienen la motivación, no lo piensen tanto. Postulen, investiguen las líneas de sus profesores y atrévanse a dar el paso. Es una oportunidad que, en lo personal y profesional, los marcará para siempre”, concluyen.

Para postular debes completar el siguiente Formulario de postulación