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Patricio Briceño: “Sé que si pude lograr este intercambio, puedo lograr cualquier otra cosa que me proponga”

¿Qué motiva a un estudiante a salir de su zona de confort y cursar un semestre en otro continente? Patricio Briceño, estudiante de Ingeniería Civil en Informática, nos relata su travesía en la Universidad de Karlsruhe, Alemania. En esta entrevista, Patricio no solo repasa su experiencia viajando por Europa y aprendiendo nuevas culturas, sino que también pone en perspectiva su formación académica: tras enfrentar el modelo alemán, destaca cómo la base entregada por la USACH le permitió estar a la altura de las exigencias internacionales, validando la calidad de su preparación en un contexto global.

—¿Qué te motivó a irte de intercambio y elegir precisamente este destino? 

Siempre tuve la meta de vivir una experiencia en el extranjero. Averigüé sobre las opciones de movilidad aquí en la USACH y comencé a planear todo. Además, anteriormente había tomado un taller de alemán y el idioma me terminó gustando mucho. Quería ponerme un reto personal; existía la posibilidad de ir a un país de habla inglesa o a un lugar como España, pero quise dar un paso más allá, salir de mi zona de confort y desafiarme por completo.”

—Muchos estudiantes suelen inhibirse por la barrera del idioma, ¿cómo manejaste ese tema allá? 

Tuve que certificar mi nivel de inglés, lo que me dio la posibilidad de cursar mis asignaturas en ese idioma gracias a un programa que ofrecía mi universidad de destino. Para comunicarme en el campus no tuve mayores dificultades, ya que casi todos hablábamos en inglés. Sin embargo, para la vida diaria, como ir a un negocio o moverme por la ciudad, usaba el alemán, lo que me permitió ir practicando y aprendiendo mucho más en el día a día.

—¿Cómo fue tu proceso al momento de convalidar asignaturas?

Fue algo que tuve que considerar bien al momento de elegir mi universidad de destino. La idea siempre es elegir una que tenga asignaturas parecidas a las nuestras para poder tomarlas como un ramo equivalente y no atrasarte. Por eso, yo investigué el tema y después me reuní con la jefatura de carrera para mostrar los cursos que a mí me interesaban y asegurarnos en conjunto de que iba a tomar ramos que siguieran el mismo hilo en el que va nuestra universidad. El hecho de poder hacerlo con los tópicos de especialidad también me ayudó mucho, porque con ese tipo de asignaturas hay más flexibilidad. 

—¿Qué te sorprendió de la vida académica allá en Alemania? ¿Algo que puedas contrastar con tu experiencia como estudiante aquí?

Allá la carga académica es muy tranquila, porque consta de una única evaluación a final de semestre para cada asignatura, entonces la forma de aprender es muy independiente. Creo que acá nuestro nivel es muy bueno, pero con un método que requiere estar en constante evaluación o entregando tareas y trabajos cada cierto tiempo. Fue novedoso para mí poder trabajar de esa manera.

—¿Hay alguna diferencia en cómo se aprende ingeniería en Alemania versus cómo se aprende aquí en Chile? 

Sí, bastante. En la universidad a la que fui la formación es sumamente teórica y académica. Se espera que el ingeniero domine la teoría a fondo, sin tanta presión por aplicar esos conocimientos dentro de la misma sala de clases. Sin embargo, esto se equilibra con lo fácil que es insertarse en el mundo laboral como estudiante. La carga académica te permite tener un empleo relacionado a la carrera desde los primeros años. La industria allá está súper conectada con las universidades y facilita mucho la realización de prácticas. 

—¿Qué pudiste disfrutar de la vida en el campus allá en Alemania?

Karlsruhe, la ciudad a la que fui, está conformada por muchos estudiantes y gran parte de ellos son extranjeros, entonces fue un ambiente muy amigable para mí. Tuve la chance de entrar a un programa en el que, quienes estábamos de intercambio, podíamos conocernos entre nosotros. Esas instancias eran muy enriquecedoras y el sentido de comunidad era muy fuerte, siempre estaba la posibilidad de juntarse con alguien después de clases o tener con quién salir. Me marcó de forma muy positiva ese sentido de comunidad.

—Más allá de los estudios, ¿qué otra cosa destacarías de tu viaje? 

Definitivamente, la oportunidad de viajar y conocer. Pude visitar lugares emblemáticos en Alemania y como hice muchos amigos de toda Europa, se me abrieron las puertas para recorrer otros lugares. Por ejemplo, un amigo suizo nos invitó a su país, fue una oportunidad increíble porque es un destino súper caro, pero gracias a su hospitalidad pude quedarme tres días de manera muy cómoda. También visité Austria y Praga, recorriendo en general los países fronterizos. Allá el sistema de trenes es súper completo, lo que te da una facilidad enorme para viajar prácticamente a cualquier lado.

— En retrospectiva, ¿sientes que volviste siendo una versión distinta de ti mismo? ¿Qué mensaje le dejarías a los compañeros que aún dudan en postular? 

Absolutamente, este viaje cambió mi forma de tomar decisiones y me dio muchísima autoconfianza. Al principio, la burocracia de postular puede asustar, pero aprendes que nada es imposible si tienes paciencia. Vivir solo en un país completamente distinto, al otro lado del mundo, es un desafío enorme, de hecho, noté que ni siquiera los estudiantes europeos suelen irse tan lejos, por lo general, solo cruzan a un país fronterizo.

Esta experiencia me dio una independencia tremenda y me enseñó a solucionar problemas por mi cuenta. Además, iba con el miedo de que los cursos allá serían demasiado complicados, pero comprobé que la formación de nuestra universidad nos prepara para cualquier reto. Mi mayor aprendizaje es que no basta con mirar las oportunidades: hay que atreverse. Hoy sé que si pude lograr este intercambio, soy capaz de enfrentar cualquier meta que me proponga.

Por Valentina Kächele e Ignacio Arévalo

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