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“A veces, el miedo está solamente en nuestra cabeza”: La experiencia de Ian Rickmers durante su intercambio en Inglaterra

Durante el segundo semestre de 2024, Ian Rickmers Blamey, alumno de nuestro Departamento, decidió salir de su zona de confort para cursar un semestre de intercambio en Northumbria University, en Inglaterra. Lo que comenzó como un desafío personal de superación, se transformó en una vivencia que no solo le dio una nueva perspectiva sobre la cultura y la amistad, sino que también consolidó su mentalidad internacional, llevándolo a colaborar actualmente en un proyecto de investigación con el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). En esta entrevista, Ian repasa su proceso de convalidación, destaca el alto nivel de nuestra universidad frente al mundo y nos demuestra por qué estudiar en el extranjero es, en sus propias palabras, “un desafío que vale totalmente la pena”. 

¿Qué te motivó a postular a un intercambio y cómo fue el proceso de preparación?

Me motivó mucho ver a un amigo, que también estudia en nuestra universidad, realizar su intercambio. Yo consideraba que al inicio mis notas no eran las mejores, así que trabajé durante un tiempo en mejorar mi promedio y eso me ayudó bastante. El proceso de postulación a través del Departamento de Relaciones Internacionales (DRII) es muy autónomo, pero es un desafío que vale totalmente la pena.

Muchos estudiantes deciden no postular por el nivel de inglés. ¿Fue una barrera para ti?

Yo ya tenía facilidad con el idioma y certifiqué mi nivel, pero me di cuenta de que muchos estudiantes se lanzan sin dominarlo a la perfección y aprenden allá mismo. Si bien lo ideal es prepararse antes, no es un impedimento absoluto, lo que realmente importa son las ganas de viajar.

Uno de los grandes miedos al irse de intercambio es la convalidación de ramos. ¿Cómo fue tu experiencia en Informática?

Sé que en otras carreras puede ser complejo, pero acá en Informática el proceso es muy expedito. Me acerqué a mi jefe de carrera con la malla de la universidad de allá y, al contar con el apoyo del Departamento, fue muy fácil. Lo mejor es que en nuestra carrera te convalidan por ‘tópicos de especialidad’, entonces no necesitas que el ramo sea idéntico, sino que tenga una dificultad similar. En mi caso fue un proceso sencillo.

—¿Hubo algún cambio en tu método de estudio o en tu forma de entender la ingeniería durante este viaje? 

Yo iba creyendo que me iba a costar mucho, pero me di cuenta allá afuera de que el nivel de la USACH es muy bueno, eso me otorgó harta confianza en cuanto a mi propio aprendizaje. El mayor choque fue la forma de evaluar, como estudiante allá tienes harta libertad y en general la nota depende de un ensayo al final del semestre. Gracias a la base que llevamos desde acá, los ramos se me hicieron súper accesibles.Al final, la experiencia te demuestra que tenemos un nivel académico mucho más alto de lo que solemos creer.

También me llamó mucho la atención cómo ven la ingeniería allá. Tienen un formato súper diferente: estudian tres años y el cuarto se van directo a trabajar a una empresa. Esto hace que su enfoque no sea tan teórico, sino muchísimo más aplicado, ver esa dinámica en la práctica fue realmente interesante.

— Más allá de los estudios, ¿cómo era la vida en el campus y qué tal fue la experiencia de viajar y pasarlo bien fuera de la universidad? 

La vida estudiantil allá es increíble. El campus es súper tecnológico, con edificios modernos, y lo mejor es que está totalmente inmerso en la ciudad, sin límites separados. Además, siempre había algo pasando todas las semanas, organizaban maratones, ferias navideñas, celebraciones de Halloween, yo viajé durante el segundo semestre del año así que me encontré con un ambiente muy activo. Y fuera de la universidad, aproveché de viajar por Europa. Uno de los recuerdos que guardo con más cariño fue un viaje que hicimos a Londres con amigos, estuvimos varios días recorriendo, disfrutando a fondo de la ciudad, la vida nocturna y pasándolo increíble. En todas esas instancias de relajo es donde realmente terminas conociendo a gente de todos lados.

—Tu mentalidad internacional no se quedó solo en el intercambio. Hoy estás colaborando directamente en un proyecto con el MIT. ¿Cómo se cruzó esa oportunidad con tu viaje a Inglaterra? 

Fue un proceso paralelo. Antes de irme a Inglaterra, encontré una convocatoria de colaboración directa entre la USACH y el MIT. Se lo propuse a mi profesor guía y postulamos. La espera fue larga, de casi un año y medio, y justo en ese lapso yo me fui de intercambio. Al regresar a Chile, pasó cerca de un mes y nos llegó la noticia de que habíamos ganado el proyecto. Fue increíble, porque conectó el regreso de mi experiencia en Europa directamente con el inicio de esta pasantía con Estados Unidos.

—Es un salto tremendo. Entendiendo que eres informático, ¿cómo se aplica tu trabajo al proyecto que están desarrollando con el MIT? 

El proyecto une astronomía y aprendizaje automático. Investigadores del MIT viajaron a nuestra universidad y nos explicaron uno de sus mayores desafíos: existen objetos astronómicos formados por capas de gas y polvo. El problema es que los radiotelescopios, al captar radiación, a veces solo logran ‘ver’ la capa más superficial del gas, ocultando lo que pasa en el interior. Nuestra idea es usar modelos de inteligencia artificial para recuperar y predecir la información de esas capas más profundas. Yo no tenía un background en astronomía, pero me interesó tanto el desafío que terminé integrando este trabajo como el tema de mi tesis.

—Ya has realizado dos viajes importantes ¿Que sientes que te aportaron estas experiencias que no hayas podido aprender acá? Especialmente tu primera movilidad internacional, que fue la más duradera.

Pude conocer a personas de distintas partes del mundo, lo que me dio la oportunidad no solo de acercarme a sus costumbres, sino también de analizar las mías. Te das cuenta de que tu identidad puede coincidir con la de lugares que jamás habrías imaginado. Por ejemplo, noté que la cultura chilena conecta increíblemente bien con la coreana. Ese nivel de perspectiva y valoración propia es muy difícil de lograr estando en casa; es definitivamente un análisis que solo te aporta el atreverte a salir.

—¿Sientes que hubo un cambio a nivel personal después de vivir esta experiencia? 

Absolutamente, uno de los cambios más profundos fue mi perspectiva sobre la amistad. Allá formé vínculos tan cercanos que nos volvimos inseparables, y eso marcó un antes y un después en mí. Al volver, tu manera de ver y cuidar tus relaciones sociales cambia por completo, aprendes a valorar mucho más a las personas que ya tenías acá y dejas de dar esos vínculos por sentados.

Por otro lado, también me di cuenta de que muchas veces las dificultades están solamente en nuestra mente. Disfruté mucho ver a compañeros de otros lugares que se aventuraron a pesar de quizás no saber demasiado el idioma, porque la gente los recibía muy bien. Nadie se va a burlar de ti por intentar aprender o adaptarte, al contrario, la gente aprecia bastante eso. Es algo que espero que muchos tengan en cuenta si quieren viajar: a veces, el miedo está solamente en nuestra cabeza.

Por Valentina Kächele e Ignacio Arévalo

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